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¿Una religión intelectual?

13th December 2017

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Este artículo es el séptimo de la serie “Obstáculos en el cristianismo”. Basándose en citas de “El camino a Cristo”, tiene el propósito de analizar los malentendidos más comunes que muchos podemos encontrar en nuestro camino como cristianos. Es una pieza personal para reflexionar que llega directamente al corazón. – Editor.

“Muchos aceptan una religión intelectual, una forma de santidad, sin que el corazón esté limpio”. Camino a Cristo, 35.

Crecí en un hogar con una madre a la que algunos se referían como la “eterna estudiante”. Ella terminó la secundaria cuando tenía más o menos 19 años. Poco después conoció a mi padre, se casaron, empezó un grado en psicología y nos tuvieron a mi hermana Qeren y a mi. Después mi madre terminó su grado en psicología, tuvo un bebé más, se divorció, y se convirtió en una madre soltera con tres niñas de menos de 6 años. Aun así empezó y terminó en la escuela de medicina y se especializó en psiquiatría. Hoy en día mi madre es una psiquiatra y está trabajando en un doctorado.

No es de extrañar entonces que los libros tuviesen gran presencia durante nuestro crecimiento en nuestra vida doméstica. Mi madre aprecia el conocimiento y nos anima aún a día de hoy, a investigar y estar bien informados. Ella me leía historias de la Biblia diariamente hasta que se dio cuenta que yo podía leer por mí misma, entonces me enganchó a la serie azul Bíblica de Maxwell. Para cuando cumplí 10 u 11, ya los había leído todos, así que cambié a una biblia de adultos. No creo que la leyese todas las noches, pero para entonces tenía suficiente conocimiento como para seguir una escuela sabática sin haber estudiado la lección, y aun así saber las respuestas de la mayoría de las preguntas; suficiente conocimiento para tener una idea general sobre lo que estaba aceptado o no en la iglesia, y suficiente conocimiento para que, un poco más tarde con el surgimiento de internet, debatiera con otros cristianos (a veces adventistas y otras veces no) en chats y foros sobre cosas como el alcohol y guardar Sábado.

Sí, tenía justo el conocimiento suficiente para engañarme a mí misma y pensar que esto era todo lo que había en el cristianismo. Ir a la iglesia los sábados, intentar ser una buena persona, y leer la Biblia.

Así era mi fe; superficial. No era falsa, y tampoco trivial, pero definitivamente era inmadura.

Empezó a cambiar en una conferencia de oración. Allí estudiamos la Biblia, y luego oramos por lo que habíamos estudiado. Aprendí a aplicar el conocimiento a mi corazón. Y durante una de las oraciones, por primera vez en mi vida, experimenté a Dios como algo más que un Dios real pero que está muy lejano. Esta vez lo experimenté como el Amigo Divino que está interesado en mi bienestar y quiere conversar conmigo. La amistad que empezamos allí ha evolucionado mucho desde entonces. Empezamos hablando de la entrega completa a Cristo. Le dije a Jesús que quería vivir con Él para siempre, Él me dijo que nunca me abandonaría ni desampararía (Deuteronomio 31:6). Me bauticé al año siguiente.

Aun así, a día de hoy, de vez en cuando, aunque ahora sé intelectualmente “Qué Amigo tenemos en Jesús” me sorprendo a mi misma ignorando a Jesús. No, espera. No es ignorar. Ignorar implica que estés lo suficiente próximo a alguien como para desatender sus llamadas para comunicarse contigo. Creo que sería más acertado decir que a veces siento que le silencio. No lo hago a propósito. Simplemente a veces me encuentro tan ocupada con el trabajo, la iglesia, la familia, los amigos, los hobbies o en general dilación, que desvío a Cristo.

Y aquí viene mi reto: mi intelecto permanece aun cuando mi espiritualidad disminuye.

El conocimiento que he alcanzado sobre Dios a lo largo de los años no se evapora cuando no invierto el tiempo orando, tampoco dejo de ir a la iglesia cuando dejo de nutrir mi relación con Él.

Soy una “cristiana tan bien entrenada” que mis ritos religiosos se mantienen activos después de que mi espiritualidad haya muerto.

“Muchos aceptan una religión intelectual, una forma de santidad, sin que el corazón esté limpio”. Camino a Cristo, 35.

¿Te suena familiar esto? ¿Sientes que estás siguiendo la marcha de la religión y la iglesia a veces sin estar teniendo una conexión con Jesús que haga que éstas merezcan la pena? ¿Sabes muchísimo sobre Dios, pero sientes en tu corazón que realmente no le conoces? ¿Te gustaría experimentar cómo es tener realmente comunión con Dios?

La buena noticia es que es muy posible tener esa relación para todo aquel que quiera tenerla. Dios dice “Acercaos a Dios y Él se acercará” (Santiago 4:8). La mala noticia, si lo puedes llamar así, es que supone algo de serio esfuerzo, puede que más del que esperas poner. Porque implica rechazar el impulso de confiar en lo que conoces, y confiar en la comprensión del Señor en su lugar.

Cuando te vas acercando más a Dios te das cuenta de que estás lejos de la perfección, que hay pecados en tu vida que te gustan, y que te están venciendo. Es muy probable que intentes aferrarte a tu amado pecado y a Jesús al mismo tiempo. Él será muy paciente contigo, y entonces tarde o temprano te hará elegir. Tu victoria en todo esto será quedarte quieto lo suficiente como para darte cuenta de que lo que Él tiene para ofrecerte es mejor de lo que te pide que dejes atrás. Y que Él limpiará tu corazón para que pueda alinearse con Su mente. Consiste en darse cuenta de que la paz que proviene de una relación con Cristo supera todo entendimiento, intelectualismo y conocimiento.

La clave para tener una religión que vaya más allá del mero conocimiento es una relación con el Dios con quien comienza el conocimiento.

Eso es fe.

Después de que todo esté dicho y hecho, el conocimiento seguirá siendo importante. No es sin razón que Dios diga que su gente perece por carencia de conocimiento. Pero es igualmente verdad que no es por el conocimiento que su gente vive.

Es por su fe (Habacuc 2:4).