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Tardando en responder a la convicción: El continuo peligro de los cristianos

28th September 2016

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Este artículo es el cuarto en una serie denominada “Obstáculos en el Cristianismo”. En esta serie varios autores explican malentendidos comunes que suelen ocurrir en la experiencia de aquellos que son o quieren ser cristianos. Todos estos “obstáculos” pueden encontrarse descritos en el libro “El Camino a Cristo” en el cual su autora explica los conflictos que “muchos” tienen que afrontar. Las citas de este artículo son: “No posterguéis la obra de abandonar vuestros pecados y buscar la pureza del corazón por medio del Señor Jesús. En esto es donde miles y miles han errado a costa de su perdición eterna.” El Camino a Cristo, 32. “Muchos están apaciguando su conciencia inquieta con el pensamiento de que pueden cambiar su mala conducta cuando quieran; de que pueden tratar con ligereza las invitaciones de la misericordia y, sin embargo, seguir sintiendo las impresiones de ella.” El Camino a Cristo, 33.—Editor.

La urgente necesidad de responder a la convicción se aplica directamente al corazón inconverso, hacia aquellos que todavía no han decidido ser cristianos. Pero la voz de la convicción no cesa su trabajo una vez que el alma ha decidido seguir a Cristo. La decisión de seguir a Cristo debe ser renovada continuamente. Así que estas citas también se aplican a aquellos que ya declaran a Cristo como su Salvador. Este es el motivo por el que Ellen White advierte más tarde en el capítulo, en una de las declaraciones más contundentes de El Camino a Cristo: “Un solo rasgo malo en el carácter, un solo deseo pecaminoso, persistentemente albergado, neutraliza con el tiempo todo el poder del Evangelio.” El Camino a Cristo, 34.

En 2016, más de 8,5 millones de personas murieron de cáncer (alrededor de 24.000 personas al día). Descubrimientos actuales sugieren que aproximadamente el 80–90% de estos casos de cáncer podrían prevenirse mediante factores relacionados con el estilo de vida o una detección precoz. A pesar de nuestros conocimientos acerca de los malos efectos de fumar, aún hoy en día un tercio de estas muertes relacionadas con el cáncer son atribuidas al fumar cigarrillos. Podemos concluir justamente: El miedo y el conocimiento solos no previenen a la gente de buscar patrones de mala conducta.

Pero, ¿qué hace que una persona consienta una conducta que trae enfermedad y subsecuentemente sufrimiento o incluso muerte?
Bueno, probablemente el hecho de que la conducta no parezca tan mala, y prometa algo—un deseo profundo que parece ser encontrado, al menos temporalmente. Esto me recuerda la famosa cita de Blaise Pascal sobre el vacío que tiene la forma de Dios:

¿Qué más este antojo, y esta impotencia, proclama sino que hubo una vez en el hombre una verdadera felicidad, de toda la cual lo que ahora queda es la vacía huella y traza? Esto es por lo que él trata en vano llenar con todo alrededor de él… ya que este infinito abismo puede solo ser llenado con un infinito e inmutable objeto; en otras palabras por Dios mismo.—Blaise Pascal, Pensées VII, 425.

Debido a que cada persona está buscando realización y significado, consciente o inconscientemente, el deseo tiene que ser llenado con algo. En este sentido, leemos en la palabra de Dios: “También Él puso eternidad en sus corazones”. Ecl. 3:11. Así que hay algo en nuestros corazones que quiere ser llenado desesperadamente. Yo intenté llenar ese profundo deseo por el verdadero significado de la vida con toda forma de comportamientos destructivos, muchos de los cuales tienden a ser adictivos. Esta conducta destructiva siempre sigue uno de los tres patrones básicos del pecado descritos en la Biblia: los deseos de la carne (deseo pecaminoso), los deseos de los ojos (glotonería y codicia) y el orgullo (ver 1 Juan 2:16). Para que estas tentativas puedan ser satisfechas hay que depender del yo o de un ídolo. Consumir esto trae placer; de hecho, la Biblia no niega el lado placentero del pecado (Heb 11:25), pero señala claramente su fin: la muerte (Rom 6:23). El problema es que muchas de estas conductas no parecen o se sienten mal a primera vista y haríamos bien en descubrirlas.

Hoy más que nunca entendemos la enorme capacidad que tiene el cerebro humano para aprender conductas, tanto buenas como malas, repitiendo los pensamientos y actuando en base a ellos. Estos caminos neurológicos entrenados finalmente forman la esencia misma de quiénes somos—nuestro carácter. Por eso se necesita bastante esfuerzo para olvidar conductas que se han practicado durante largo tiempo.

Suponiendo que tú fueras el diablo y no quisieras que una persona se diese cuenta de su verdadera condición, ¿qué harías? Por supuesto, introducirías pensamientos y patrones de conducta que a primera vista parecen satisfacer a la perfección este deseo profundo y no hacen un daño instantáneo. Estos pensamientos tienden a seducir, fortalecer el ego y menguar tu inclinación a dejar que Dios domine tu corazón. ¡Sin embargo casi nunca comienza de forma evidente! La verdadera pecaminosidad del pecado no es la aparente maldad representada en el brutal o abominable malvado. El peligro más grande es practicar el pecado al mismo tiempo no verlo como tal, un estado que mantiene a las personas ciegas hacia su verdadera condición—y ¡las personas sobresalen en practicar una variedad de estas conductas! De este modo, los caminos neurológicos son fortalecidos y el cambio se convierte en algo más y más difícil.

La fortaleza más poderosa del vicio en nuestro mundo no es la vida inicua del pecador abandonado …; es la vida que parece virtuosa, honorable, noble, pero en la cual se fomenta un pecado, se abriga un vicio. La Educación, 134.

Nuestra confianza en nuestras propias acciones virtuosas, comparándonos con otros y juzgando nuestra propia condición como “en realidad no tan mala” es una de las trampas más grandes. A lo largo de los años practicas unos patrones de conducta donde clasificas tus propios pecados como triviales pensando que serán fáciles de superar con tan solo luchar contra ellos lo suficientemente fuerte en algún momento más tarde en tu vida. ¡No es más que un auto-engaño! Los años posponiendo importantes decisiones y formando caminos neurológicos sellan un carácter que no es fácilmente cambiable. La falta de acción decidida contra la conducta pecaminosa te llevará a hacer concesiones y menguará tu deseo espiritual y esto puede llevarte a la perdición eterna. ¿Suena aterrador? Bien, el miedo puede y debería ponerte alerta—pero el miedo en sí mismo no puede ser el medio para un verdadero cambio espiritual. ¡Nunca!

Al principio declaramos que solo el miedo y el conocimiento no previenen a las personas de seguir patrones de conducta erróneos. La batalla real comienza cuando dejas que Dios se mueva en tu vida y te muestre tu condición real, que se parece a algo como esto: Un grito impaciente lleva puesto el disfraz de celo por la verdad. La lujuria se camufla como el amor por la belleza. El chisme vive disfrazado de preocupación y oración por otros. El afán de poder y control lleva puesto la máscara de liderazgo bíblico. El temor a los hombres se hace pasar por ser un pacificador o de tener un corazón servicial. Ahora entendemos que la verdadera solución a nuestros problemas requiere más que la fuerza humana; se necesita un poder transformador desde fuera. Sólo en el espejo de la Palabra de Dios y con la notoria ayuda dada por el Espíritu Santo somos capaces de vernos a nosotros mismos tal y como somos en realidad. Habla con Dios abiertamente sobre tus anhelos más profundos—¡te garantizo que Él proveerá el verdadero arrepentimiento y llenará tu corazón con su perdurable paz! Yo experimenté esto una y otra vez: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en Él!” Salmo 34:8.

Llenando tu vacío que tiene forma de Dios

Puedes estar seguro, existe realmente un Dios de amor que se merece tu todo, que es digno de ser adorado y seguido, que quiere lo mejor de ti, y te animo encarecidamente a aferrarte de todo corazón a la promesa bíblica que: “cualquiera que le busque le hallará” Jer 29:13. Dios, que nos ama lo suficiente para sacrificar a Su Hijo para nuestra redención, trabaja para que nos veamos a nosotros mismos con claridad, para que no caigamos en el engaño de una justicia construida por nosotros mismos. Él nos da una conciencia humilde de nuestra necesidad personal y una verdadera y perdurable paz de espíritu a través de su remedio perfecto contra el pecado: La limpieza de toda inmundicia y suciedad. Ningún caso es demasiado duro para que Dios conceda la curación. Pero tenemos que responder a la convicción. ¿Por qué no dar tu corazón enteramente a Cristo ahora mismo, no posponiéndolo más fortaleciendo tus principales patrones pecaminosos sino pidiéndole proveer poder para volverse, hablar con Él y probar y ver cuán bueno es realmente el Señor? Así que, amigo mío, “Sed leales con vuestra propia alma. Sed tan diligentes, tan persistentes, como lo seríais si vuestra vida mortal estuviese en peligro.” El Camino a Cristo, 35.

Andreas Binus es un médico y co-director de ENAD.