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Mi Testimonio

12th June 2016

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Yo solía ser una chica bastante hippie. Era adicta a la música y me encantaba disfrutar la vida a mi manera. No crecí en un hogar cristiano. La educación en nuestra familia estaba basada en valores cristianos pero no éramos creyentes. No tenía un conocimiento real de Dios y de su existencia. A pesar de esto en mi interior sentía que debía haber algo más ahí afuera que lo que percibíamos a simple vista. Nunca hablé de esto con nadie porque asumí que era la única que tenía este tipo de pensamientos.

Un día una chica adventista me invitó a un culto juvenil en la iglesia. Yo no tenía ni idea de lo que era un culto y sobre qué trataba pero nada más empezar a cantar el primer himno me di cuenta de que esos jóvenes realmente creían en Jesús y estaban adorándole. Esta fue una experiencia reveladora para mí porque vi que no estaba sola en mi convicción de que lo sobrenatural existía. A partir de ese momento estaba enganchada y quería aprender más sobre el Dios en el que creían estos jóvenes.

Cuanto más estudiaba más me daba cuenta de que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida y de que no hay nada en el universo que se le compare. Él es amor y caminar con Él es la experiencia más maravillosa que puede experimentar un ser humano.

Yo pude experimentar esto de muchas maneras. Por ejemplo, Él me enseñó que no puedo vivir una vida victoriosa basada en mi propia fuerza. Esta fue una lección dura de aprender para mí ya que soy una persona muy perfeccionista y, sinceramente, intentaba ser perfecta a mi manera.

Una cosa que me perseguía era la influencia que las películas tenían sobre mi vida. Tenía pesadillas y pasaba mucho miedo. A veces oraba durante horas para pedir ayuda. Esto me hizo darme cuenta de lo impotente que soy sin Jesús. Sin Él es imposible vencer el pecado y el miedo. En ese momento Jesús me dijo que parara, me mantuviera cerca de Él y reclamara Sus promesas. Él me enseñó a entregarme y a confiar en Él.

Él también me liberó del hábito de fumar y respondió a todas mis preguntas existenciales.
Continuó enseñándome sobre cómo la verdadera belleza y la pureza vienen de nuestro carácter transformado y me llevó a deshacerme de toda mi bisutería.

Jesús obró milagros en mi familia y restauró relaciones rotas.
Él me enseñó maravillosos valores y principios Cristo-céntricos para mi vida que fortalecieron mis convicciones y mi caminar con Él.

Durante algún tiempo tuve problemas comprendiendo qué significaba negarse a uno mismo como Jesús nos llama a hacer. Tenía una comprensión errónea de esta parte del caminar cristiano. Pensaba que quería decir que siempre debía hacer lo que la gente quería que hiciera y estar dispuesta a sufrirlo y a soportarlo todo. Pero el Señor me abrió los ojos y me mostró que la verdadera abnegación es vivir una vida justa en Jesús y amar desinteresadamente. ¡No se trata sobre mí sino sobre Él!

Hoy mi deseo es que ya no viva yo ¡sino Cristo en mí!

Vivir una vida cristiana no significa que uno nunca tendrá problemas sino que por tener a Jesús a tu lado Él caminará contigo a través de los desafíos que se presenten.
El pone paz y gozo en nuestros corazones y nos fortalece en momentos de necesidad.

La vida cristiana es un proceso. No quiero estancarme sino seguir caminando continuamente con Dios. Quiero seguir entrenando mi mente y alimentarme espiritualmente a través del estudio de la Biblia, la oración y el compartir maravillosas verdades con la gente que me rodea.

Cuando mis viejos amigos me preguntan qué tuve que dejar de lado cuando me convertí en cristiana yo sencillamente les digo “dejé de lado una vida sin propósito ni significado”.

Mi corazón está lleno de gratitud y quiero alabar y dar gracias a nuestro amado Señor y Redentor, quien murió por nosotros en la cruz para perdonar nuestros pecados, borrar nuestras imperfecciones y el cual es tan paciente, amable, tranquilo, clemente, cariñoso y amoroso para con nosotros. ¡Es tan maravilloso poder caminar con Él lado a lado, día a día!

Soy tan feliz que puedo decir que he encontrado el amor de mi vida en Cristo Jesús. Él es, y siempre será, el mayor amor que nadie podrá encontrar aquí en la tierra.