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Llamados a soportar cargas

17th January 2018

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Este artículo es el octavo de la serie ‘Obstáculos en el cristianismo’. ¡Es un recordatorio oportuno sobre la importancia de ayudar a soportar las cargas de aquellos que están a nuestro alrededor! —Editor

La congoja en el corazón del hombre lo abate; Mas la buena palabra lo alegra. (Proverbios 12:25)

Hay muchas almas valientes que están en extremo acosadas por la tentación, casi a punto de desmayar en el conflicto que sostienen consigo mismas y con las potencias del mal. No las desalentéis en su dura lucha. (El Camino a Cristo, 120)

Dios quiere que nos alentemos los unos a los otros. Deberíamos animarnos mutuamente en vez de desalentarnos. En Hebreos 10:24-25 la Biblia dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;… exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Supongamos que un estudiante tiene muy poco dinero. Entonces el diablo le incita a que sienta lástima de sí mismo y que se lamente por su condición. Él podría sentir envidia de otras personas. Otro ejemplo; una joven que no puede encontrar trabajo. En su caso, el diablo le tienta a que piense mal de sí misma, considerando que no es valorada o no puede ser apreciada hasta que encuentre una ocupación. Esto es un ataque del enemigo. (Ver 1 Pedro 5:8).

Es parte de su estrategia el usar nuestra falta de algo.

Como dice Ellen White, hay un obstáculo en el que caemos. Cuando alguien está pasando por dificultades y nosotros desanimamos a esa persona, perdemos una característica crucial. Empatía. Es decir, la habilidad de entender y compartir los sentimientos de otros. Es un talento que todos debemos mejorar. Ellen White dice:

"En nuestro trato con otros, pongámonos en su lugar. Comprendamos sus sentimientos, sus dificultades, sus chascos, sus gozos y sus pesares. Identifiquémonos con ellos; luego tratémoslos como quisiéramos que nos trataran a nosotros si cambiásemos de lugar con ellos." (Mensajes para los jóvenes, 418).

Las personas solemos carecer de esta cualidad de forma natural. Solemos fijarnos en nosotros mismos en lugar de considerar el bienestar de otros.

Pero consideremos el ejemplo de Jesús. Él previó nuestra lucha con el pecado y misericordiosamente se identificó con nosotros y vino a nuestro lado para ayudarnos a luchar contra los poderes de las tinieblas. Cuando fijamos nuestra atención en su comportamiento hacia nosotros, nos damos cuenta de la rudeza de nuestra conducta los unos con los otros. Somos duros y críticos porque no entendemos el dolor y la carga que tenemos que llevar.

Imagina la pena que debía haber en el hogar de Job. Él y su mujer habían perdido todo lo que era querido para ellos. Las chocantes noticias sobre muerte, pérdida y ruina aún se podían percibir en el aire. De repente, Job se pone extremadamente enfermo. El coge un pedazo de una vasija rota para poder rascarse mientras está sentado en la ceniza. ¿Qué estará pensando? ¿Cómo podría sentirse este hombre? Imagino que estará devastado. Lágrimas silenciosas corren por su interior. Está cansado. Su cuerpo le duele. Si tú fueras él, ¿qué desearías que alguien hiciera o dijese? Su lucha es severa. Job está luchando contra los propósitos de Satanás. Él necesita desesperadamente soporte espiritual y palabras de ánimo. Ahora, escucha lo que dice su mujer: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.” (Job 2:9) Ella se convierte en el instrumento de Satanás. Ha fallado en animar y apoyar a su marido. Sus palabras le tientan a Job a rendirse, que es lo que el enemigo quiere.

Hay otro ejemplo de otro grande profeta. Él está en grandes dificultades. Después de matar a los enemigos de Dios, su propia sentencia de muerte ha sido decretada y escapa por su vida. Elías está exhausto, cansado y muerto de miedo (ver 1 Reyes 17:3). ¿Qué es lo que desea? ¡Desea morir! Pero la respuesta de Dios es maravillosa. Él manda a un ángel para fortalecerlo. Primero, le toca. Fue un contacto suave que llegó al alma del profeta. Después le pide que coma algo, mostrando así que se preocupa por sus necesidades físicas. Me impresiona. Dios es tan considerado y cuidadoso con los débiles, ansiosos y deprimidos. Eso es amor genuino.

Aquí hay una lección práctica que está relacionada con estos dos ejemplos;

"Los que pelean la batalla de la vida contra fuerzas superiores pueden recibir fortaleza y aliento merced a menudas atenciones que sólo cuestan un esfuerzo de amor. Para ellos, el fuerte apretón de mano de un amigo verdadero vale más que oro y plata. Las palabras de bondad son tan bien recibidas como las sonrisas de ángeles." (Ministerio de curación, 115)

Ahora me gustaría dirigirme a todas las personas que están en dificultades ahora mismo. Las Escrituras dicen: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?” (Proverbios 18:14).

“En las páginas del recuerdo hay historias tristes que son inviolables para los ojos ajenos." (MC, 115)

Yo no sé por lo que estás pasando ahora mismo. Sin embargo, hubo un momento oscuro en mi vida cuando mi espíritu estaba abatido. Amablemente, Dios me mandó a una persona cristiana que puso palabras de fe y ánimo a mi vida. Ella me ayudó a continuar en el camino, o más bien a levantarme de nuevo. (Proverbios 245:16).

Ese es el motivo por el que las amistades cristianas son tan necesarias: nos fortalecen.

Rodéate de aquellos que creen en Dios. Cuando sientas que eres un auténtico fracaso, necesitas una demostración poderosa de la fidelidad de Dios. Exponte a su palabra y date cuenta de quién eres a sus ojos. Dios te ama. No estás solo en este lio. Medita en Jesús colgado en la cruz. Él quiere que creas en sus palabras.

Yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpido; delante de mí están siempre tus muros. No te desampararé, ni te dejaré. (Isaías 49:15b-16, Hebreos 13:5)

Yo creo que Dios tiene que purificar nuestros labios (Isaías 6:6-7). Hemos fallado a menudo en animarnos los unos a los otros. Pablo dijo: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” (Filipenses 2:3-4).

Terminaré haciéndote tres preguntas:

¿Quieres eliminar los hábitos que hieren a otros?

¿Cambiaras las palabras inapropiadas por la gracia de Dios?

¿Te gustaría seguir el ejemplo de Cristo al tratar con gente cargada y deprimida?

Él nos enseñará a ambos, a ti y a mí, como amar a los demás de verdad. Y mediante su gracia seremos transformados a la hermosa imagen de Cristo Jesús.

Escrito por Shaina Strimbu