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La voz de Dios

11th January 2016

Dios tiene voz. Una voz audible que se puede escuchar de igual manera que si estuviéramos en la misma habitación y me llamaras por mi nombre. Dios usó Su voz para crear el cielo y la tierra. La usó para hablar con Adán y Eva después de que hicieran lo que no debían haber hecho. Dios usó Su voz para llamar a Noé, Abraham y Moisés a cumplir Su propósito. Existe incluso un versículo que describe a Dios regocijándose sobre Su pueblo con cánticos. (Sofonías 3:17).

Echando un vistazo al Nuevo Testamento, vemos una vez más a Dios usando Sus cuerdas vocales en varios lugares. Él habló en el bautismo de Jesús y también en Su transfiguración. Todo ello para mostrarnos que Dios tiene una voz y sabe hablar en voz alta.

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que deseaste que Dios te hablara en voz alta? Tal vez tenías que tomar una difícil decisión. Quizás te preguntabas qué estudiar, qué hacer con tu relación, cómo vencer tu adicción o por qué tu hijo/padre/hermano estaba enfermo. Puede que simplemente te sintieras débil y roto y te preguntases si quedaba alguna razón por la que vivir. O oíste a Jesús llamándote, y sólo querías que te dijera exactamente dónde y cómo le gustaría que sirvieses.

“Entonces, ¿por qué Dios no usa Su voz cuando más lo necesito?” podrías estar preguntándote. Me he hecho varias veces esta misma pregunta. Por supuesto, Dios pone cosas en mi corazón constantemente. Pero a veces soy demasiado cabezota y que Dios impresione mi corazón suele ser un proceso mucho más largo que si, por ejemplo, simplemente usara Su voz audible para decirme: “Zippora, quiero que hagas esto o aquello”.

Pero recientemente me vino un pensamiento que nunca había considerado antes. Jesús tenía una relación muy profunda con el Padre. Había veces en las que pasaba noches enteras en oración. Jesús conocía íntimamente al Padre, y el Padre conocía íntimamente a Jesús. Ellos eran (y son) uno. Así que, si alguien que está en su más profunda agonía tuviera que escuchar la voz de Dios alentándole, ese alguien debería haber sido Jesús, ¿no es cierto? Si hubo algún momento donde Su voz se hubiera esperado escuchar, fue cuando Su amado Hijo le formuló esta simple pregunta: “Padre, ¿es posible quitar de mí esta copa y estar aún dentro de tu voluntad?” ¿Cuál fue la respuesta a esta pregunta?

Cuando Jesús estaba en el Getsemaní, sudando sangre, sabiendo que estaba a punto de ser vendido para ser humillado, abusado y finalmente asesinado, estando de rodillas orando acerca de ello, ¿cuál fue la respuesta del cielo?

Silencio.

Un ensordecedor silencio.

Ninguna voz se oyó desde el cielo en aquel momento. Ningún ángel cantando. Ahí estaba Jesús, en Su momento más crítico, y tampoco llegó a escuchar la voz de Dios. Al igual que nos pasa al resto de nosotros. Sin embargo, esto no le desalentó. Vemos a Jesús tomándose un breve descanso, solo para volver a ponerse de rodillas y repetir la misma pregunta. “Padre, ¿hay alguna otra forma que no sea esta?” Tampoco hubo respuesta. Pero mientras Jesús se dispone a volver a Su oración, algo pasa. Dios envió un ángel del cielo para fortalecerlo. Después de esto, vemos a Jesús levantándose, reuniendo a Sus amigos y preparándose para enfrentarse a Su pesadilla.

Para Cristo el silencio no fue motivo suficiente para rendirse y alejarse de Dios. Él no llegó a la conclusión de que, al no escuchar a Dios hablándole directamente como en otras ocasiones, Éste ya no se preocupaba por Él. Jesús volvió a dedicarse a la oración y allí encontró la fuerza y la valentía que necesitaba. Dios había hablado a Su corazón. Y las personas pecadoras y rotas como yo, encontramos aquí una lección: vencer nuestros peores temores y obtener las respuestas a las preguntas de la vida en este lado de la eternidad, no se encuentra en la voz audible de Dios, o en una respuesta inmediata. Se encuentra en entender que la oración es mucho más que hablarle a tu habitación vacía. La oración es un acceso directo al trono del único y sabio Dios. Se trata de someter tu voluntad a Él y permitirle que te fortalezca. Se trata de no darse por vencido después de tu primera oración y de no renunciar hasta que Dios te bendiga. Se trata de saber a dónde te ha dirigido Él en el pasado para que puedas confiar en que guiará tu futuro.

Ojalá este relato del sufrimiento de Cristo nos recuerde que Él es nuestro ejemplo en todas las cosas. Si Jesús pudo pasar por todo aquello, saliendo fortalecido a través de la oración aún sin haber obtenido ninguna instrucción audible, entonces, gracias a Su fortaleza, tú y yo también podemos obtener la victoria en cada situación a través de la oración.

En la oración Dios hablará a nuestros corazones, tal vez no de forma audible, pero sí de forma igualmente valiosa. Isaías 41:10