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La familia – ¡La experiencia más elevada!

13th October 2015

En nuestra cultura se nos insta a trabajar mucho y yo así lo hago. Tengo un trabajo a jornada completa en marketing, un ministerio/negocio de diseño y consultoría de marketing, y he aceptado el llamado a trabajar en el equipo de comunicación de GYC. Además de esto, estoy casado y tengo un hijo de un año llamado Levi.

Dedicar la mayor parte de las horas de la semana a estas responsabilidades resulta normal. Ir al trabajo temprano, trabajar hasta tarde, llegar a casa y trabajar por la noche. Parece que el único descanso del trabajo son las horas del sábado. Esto no parece contradecirse con los estándares y la cultura de hoy en día e incluso puede que te suene familiar.

Vida familiar bíblica

Recientemente me he topado con una cita de Ellen G. White:

Nuestra obra por Cristo debe comenzar con la familia, en el hogar... No hay campo misionero más importante que este. – El Hogar Cristiano p. 29

Leer esta declaración me hizo darme cuenta una vez más de que hay, como con muchas otras cosas en la vida, una brecha entre nuestra cultura y el ideal de Dios para nosotros.

Recuerdo vívidamente la primera vez que se me planteó el concepto de una vida familiar bíblica. Fue antes de casarme y, aunque en ese momento tener una familia parecía estar muy lejos, los conceptos básicos eran simples y prácticos. Por ejemplo que la unidad entre el marido y la mujer refleja la unidad entre Cristo y la iglesia o que a partir de esa unión pura nace un hijo, asemejando la relación entre Dios y los humanos.

El Hogar Cristiano dice:

”Después del nacimiento de su primer hijo, Enoc alcanzó una experiencia más elevada; fué atraído a una más íntima relación con Dios. Comprendió más cabalmente sus propias obligaciones y responsabilidades como hijo de Dios. Cuando conoció el amor de su hijo hacia él, y la sencilla confianza del niño en su protección; cuando sintió la profunda y anhelante ternura de su corazón hacia su primogénito, aprendió la preciosa lección del maravilloso amor de Dios hacia el hombre manifestado en la dádiva de su Hijo, y la confianza que los hijos de Dios podían tener en el Padre celestial.” (p. 142)

¿Qué habría pasado si la vida de Enoc hubiera estado tan llena de ocupaciones que no hubiera tenido tiempo para pensar sobre este poderoso símbolo del amor de Dios? ¿Habría alcanzado esa experiencia elevada? ¿Se habría acercado a Dios, teniendo así una relación más estrecha con Él?

Lo dudo.

A menudo pensamos en los patriarcas de la Biblia como hombres robustos, que lo único que hacían era ir a la guerra, gobernar sus grandes familias con justicia, aumentar su capital y recibir los oráculos de Dios. Aunque en muchos casos esto era cierto, resulta interesante cómo la vida de Enoc muestra otro aspecto. ¡En realidad alcanzó una experiencia más elevada con Dios pasando tiempo con su hijo! Suena paradójico ¿verdad? Para nuestros estándares culturales lo es, pero no para Dios.

La aplicación

Mientras estoy escribiendo este post mi hijo está caminando alrededor de la mesa en la que trabajo. Me mira y sus ojos están llenos de preguntas, como esperando a que le enseñe las lecciones de la vida. Lo cojo en brazos y empiezo a escribir con él en mi regazo.

Mi familia no es la tercera rueda del carro. Es el carro. No es lo último programado para la semana cuando casi no queda tiempo. Es lo primero.

Agradezco a Dios el haberme revelado estos conceptos de nuevo esta semana porque;

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo? [¿o a su familia?] – Lucas 9:25

Puede que todavía no te hayas casado. Puede que todavía no tengas hijos y te estés preguntando cómo podría aplicarse esto a tu vida.

Déjame decirte esto:
Cada persona en este planeta nace dentro de algún tipo de familia que necesita su atención.

Toma un poco de tiempo extra esta semana para pasarlo con tu familia. Prioriza tu vida de la manera en que Dios quiere que lo hagas y pídele esa experiencia elevada que Enoc tuvo.