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#Evangelismo

11th August 2016

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Este año GYC Europa celebró su primer evento FOCUS en Stupini, Rumanía, y en Leicester, Inglaterra. FOCUS es una conferencia local y la idea es reunirse tres veces en cada ubicación. La primera se llama “Viniendo a Cristo” y tiene 5 talleres. En esta serie de artículos los ponentes compartirán de forma escrita una parte de su taller con nosotros. Este taller fue presentado en Leicester.—Editor.

Mientras meditaba sobre el tema para el siguiente evento GYC FOCUS “Viniendo a Cristo”, vino a mi mente la escena descrita en Lucas 15. Al principio de este capítulo, encontramos a los cobradores de impuestos y ciertas personalidades, a quienes los Judíos se referían como “pecadores”, viniendo a Cristo para ser instruidos por Él. Ambos grupos estaban, a todos los efectos, excluidos por la sociedad. Sin embargo, Jesús los recibió con los brazos abiertos y, ante el asombro y la furia de los fariseos, apreció su compañía. Los fariseos, totalmente indignados, se quejaban y murmuraban entre ellos diciendo: “Este recibe a los pecadores y come con ellos” (Lucas 15:2).

Ellos no podían entender cómo alguien que decía ser el elegido y el muy esperado Mesías podía evitar la compañía de personas tan “dignas como ellos” para volverse hacia los más “deplorables” de entre la sociedad. En respuesta, Jesús comienza a narrar una serie de 3 parábolas: La oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Dichas parábolas, aunque primeramente servían como reproche a la actitud autosuficiente de los fariseos, también ilustraban la actitud de Dios hacia los que se encontraban perdidos y errantes.

Como introducción a la parábola de la oveja perdida, Jesús comienza con una pregunta retórica: Si tuvieras 100 ovejas y descubrieras que una se ha perdido, ¿no dejarías las 99 que están a salvo para buscar a aquella que está perdida? La respuesta implícita a esta pregunta sería un “sí” indiscutible; cualquier mente racional no podría estar en paz sabiendo que esta oveja está perdida, indefensa y condenada a morir.

Aquí es donde se revela la actitud de Dios hacia los pecadores: “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 Pedro 3:9. Esta fue la misión de Cristo mientras estuvo en la tierra. Para Jesús, el trabajo de salvar pecadores no era la tarea número 1 de su agenda; era la agenda, y absolutamente todo lo que Él hizo giró alrededor de este objetivo. Fue, y aún es, Su pensamiento primordial; ¡Él vive siempre para interceder por nosotros! Hebreos 7:25. Así, los excluidos de la sociedad amaban estar cerca de Jesús. El los dignificó, simpatizó con sus necesidades y circunstancias y los recibió tal como eran. El tiempo no ha borrado su amor por los perdidos, y Él todavía anhela la redención de todos y cada uno de los pecadores tal como lo hacía en ese entonces.

Sin embargo, más allá de esto, la parábola ilustra más que el deseo de Dios por salvar pecadores individualmente:

Cristo representa con la oveja perdida no sólo al pecador individual, sino también al mundo que ha apostatado y ha sido arruinado por el pecado.—Ellen White, Palabras de vida del Gran Maestro, 149, énfasis añadido.

Que este mundo caído sea el punto de enfoque del amor de Dios es un misterio que está más allá de la comprensión humana. Gracias a las escrituras sabemos que la tierra no es el único “mundo habitado” creado por Dios. Efesios 3:10. En el instante en el que la humanidad cayó, Dios sólo perdió uno de muchos mundos. Él pudo haber dejado que la humanidad pereciera. Sin embargo, aplicando la lógica de Cristo presentada en Lucas 15:1, era imposible para Dios quedarse mirando mientras este mundo perdido perecía.

Este mundo no es sino un átomo en los vastos dominios que Dios preside. Sin embargo, este pequeño mundo caído—la única oveja perdida—es más precioso a su vista que los noventa y nueve que no se descarriaron del aprisco.—Ellen White, Palabras de vida del Gran Maestro, 149.

En una muestra de amor desinteresado, Jesús deja el trono de su padre para venir a conocer la necesidad de la humanidad y procurar su salvación. Como el pastor que no regresa a casa hasta encontrar a su oveja perdida, asimismo Jesús llegó a nuestro mundo para buscar su redención. Desde la caída de Adán y Eva, este mundo ha sido el centro de los pensamientos de Dios. Pero mientras nosotros y nuestra salvación es lo que se halla en Su mente, ¿qué es lo que se halla en la nuestra? ¿Dónde yacen nuestras prioridades? ¿Cuáles son nuestras esperanzas, sueños y mayores aspiraciones? ¿Podría haber una mayor aspiración que ser colaboradores de Dios y ayudar en la causa que lo significa todo para Él?

Para destruir el pecado y sus consecuencias, dio a su Hijo amado y nos permite que, mediante la cooperación con él, terminemos con esta escena de miseria. “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”—Elena de White, La Educación, 238.

La frase “este evangelio” es significativa; implica que solo la proclamación de este evangelio al que se refirió Jesús tiene la capacidad de suscitar el fin de este mundo. También podría implicar la posibilidad de que surjan otros evangelios. El mundo del cristianismo ha producido muchas versiones diferentes del evangelio. Y sin embargo, sólo “este evangelio” al que se refiere Jesús inculca el “evangelio eterno”. Como adventistas, creemos que este evangelio está revelado en el mensaje de los tres ángeles descrito en Apocalipsis 14. Por lo tanto, como conjunto de creyentes, el compartir este mensaje con un mundo moribundo a través de cualquier medio del que dispongamos debería ser nuestro deseo más ferviente.

Esto puede parecer una tarea insuperable teniendo en cuenta que el número de la población de la iglesia mundial asciende tan solo a 18 millones comparado con una población global de 7,2 billones. Sin embargo, puede que encontremos inspiración y aliento en el progreso del evangelio en los tiempos apostólicos. Mientras estaban sentados en el aposento alto, poco antes del Pentecostés, las palabras de Jesús debieron de resonar en los oídos de los 120 discípulos:

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8.

Imagino que en sus mentes este cometido debió de haber sido tan abrumador como emocionante. Por un lado, Cristo les había encomendado una labor que no podría haberse llevado a cabo únicamente mediante esfuerzos humanos; la misión de predicar a Jesús ante todo el mundo. Por otro lado, Cristo, en sus últimas palabras antes de partir prometió la venida del Espíritu Santo, que daría poder para cumplir el llamado. Compara esto con los 120 discípulos que se encontraron a sí mismos en el aposento alto, esperando el poder prometido para predicar el evangelio en todo el mundo. Ese es un asombroso ratio de 1,5 millones de no creyentes por cada cristiano en la habitación; la tarea a la que se enfrentaban era realmente grande.

A pesar de esto encontramos la siguiente declaración de la pluma del Apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses, donde se refiere al “evangelio, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo.” Colosenses 1:23.

¿Cómo se realizó esta hazaña? Los apóstoles tenían a su disposición únicamente métodos rudimentarios. Su trabajo consistió en visitar lugares cercanos y lejanos predicando el evangelio en persona. Individualmente, solamente pudieron establecer su presencia en un solo lugar a la vez. Y aún así, ellos trataron de superar esto utilizando canales comunes de comunicación, poniendo sus pensamientos en papel y distribuyendo sus epístolas a varios lugares. Aunque el proceso de entregar estas cartas podía durar semanas o meses, fue la forma más avanzada de comunicación que tenían.

De una manera similar, los pioneros de la fe adventista lucharon para desarrollar nuevos métodos de trabajo, y utilizar todas las ventajas y oportunidades que tenían a su disposición para compartir su fe con el mundo. Por esta razón la obra de publicaciones pronto se convirtió en el pilar fundamental de sus esfuerzos evangelísticos. Desde los humildes inicios con menos de 100 individuos que precedieron la Gran Decepción, el adventismo ha crecido hasta una población superior a los 18 millones. Esto ilustra la verdad que engloba la siguiente declaración:

Se necesitan hombres que oren a Dios pidiendo sabiduría, y que, bajo la dirección de Dios, puedan infundir nueva vida en los antiguos métodos de trabajo y que puedan inventar nuevos planes y nuevos métodos para despertar el interés de los miembros de la iglesia y para alcanzar a los hombres y las mujeres de este mundo.—Ellen White, Evangelismo, 82.

Vivimos en una era cada vez más digital, donde el 92% de la población del Reino Unido tiene acceso a Internet y a plataformas de medios sociales. Al igual que las epístolas en los días de los apóstoles, y las publicaciones en los días de nuestros pioneros, las redes sociales y la tecnología digital tienen la capacidad de revolucionar nuestro enfoque al evangelismo, y ser el medio para traer a más gente a Cristo. Depende de nosotros, a través de la sabiduría de nuestro Dios, y el poder de Su Espíritu, el utilizar estos canales comunes de comunicación, entre otros medios, para promover la causa que se encuentra tan cerca del corazón de nuestro Dios.

Naison Chatiyo es un miembro del Departamento de Ministerio Personal en la Conferencia de Inglaterra del Norte.