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Adulting : But I don't want to exercise! (How to fit in an exercise routine)

13th January 2019

Este ciclo aspira a cubrir una amplia variedad de temas para el recién (y no tan recién) Graduado Universitario para ver cómo Dios nos puede ayudar a manejar el aterrador, nuevo mundo de #Adulting. El post de hoy es de Danetta, y nos muestra cuán bueno es el ejercicio para glorificar a Dios ¡Nos encanta! (Y quizá hasta vayamos a correr...)

Ha sido un largo día en el trabajo. Los colegas huelen a cafeína y todos caminan por la cuerda floja. Quizá las cosas no vayan como lo esperado. ¿Te es familiar esto?

Independientemente de la situación, todo lo que realmente quieres hacer es darte una ducha caliente y relajarte en el sofá con algo de comer que te satisfaga. Luego te acuerdas de que hiciste planes para irte a correr con un amigo. Diversas excusas rondan por tu cabeza para cancelarlo. Entonces, la responsabilidad consigue sacar lo mejor de ti. Arrastras tus pies sobre la alfombra y sacas un par de deportivas. Los pies se deslizan perfectamente en su sitio y, con los cordones muy bien doblados, te sientes con poder para afrontar el frío. Quedas con tu amigo y aceleras el paso. El aire frío, el ritmo y sonido de los pies sobre el pavimento te relajan. El ponerse al día estaba pendiente desde hacía mucho tiempo. La carrera finalizó.

En vez de sentirte aletargado, te encuentras con la mente más aclarada y los problemas de antes los siente más… ligeros.

Estoy seguro de que muchos se pueden sentir identificados. Todos entendemos los beneficios de hacer ejercicio, tanto a largo como a corto plazo, aunque muchos de nosotros lo evitamos. Así que, ¿qué es lo que nos retiene? ¿Cómo podemos motivarnos para hacer algo que sepamos que tiene grandes beneficios? Tras pensarlo, tengo algunos principios y puntos que podrían ayudar a abordar el dilema.

1. La actividad que elijas debería ser divertida.

Hay suficientes cosas en la vida que hace que nos sintamos arrastrados por nuestros pies para completarlas. Ponernos en marcha no debería ser una de esas cosas, sino que debería constituir la parte de la vida de “equilibrio de vida laboral”. Ya sea dando paseos por la naturaleza, haciendo trucos chulos en una barra de hacer flexiones, ¡elige algo que te ponga una sonrisa en la cara!

2. Asegúrate de planificarlo y hacer tus investigaciones.

Este es el estadio de usar la mente para decidir hacer algo bien por ti y por Dios. A excepción de aquellos que poseen una voluntad masiva, muy a menudo necesitamos bastantes motivos para querer hacer algo. Crea una lista de beneficios que realmente resuenen, del tipo de cosas que te mueven a un “¡Sí, yo quiero eso! Personalmente, yo veo beneficios en el ejercicio para la salud cardiovascular, estética y el incremento de energía para todo lo demás (a menudo me preguntan cómo tengo tanta energía para todo). Socialmente, es posible que trabes amistades con personas con la misma mentalidad. Tras haber asistido a una clase de ejercicio en grupo, conocí a mi compañero de gimnasio, y ello nos da algo en común de lo que hablar. Espiritualmente, el ejercicio aclara la mente y me da un mejor discernimiento. Hace que practique la autodisciplina y la gestión del tiempo, aspectos clave para una vida cristiana.

Además, yo considero que un cuerpo sano es como un sacrificio que presento a Dios, mayor capacidad para servirlo (Romanos 12:1). También puede ser una oportunidad para conectar con la creación de Dios en la naturaleza y para tener una conversación con Él, o para autorreflexionar.

alt Teniendo en cuenta las ventajas, fija unos objetivos con una visión INTELIGENTE (“SMART”). Si aún no estás familiarizado con “SMART”, haz una rápida búsqueda en Internet. Podría aparecer algo así:

Visión: ser una persona apta, activa y sana.

Objetivo: Ser capaz de correr 5 km 1 mes desde hoy.

Método: corre 1 km tres veces a la semana, 2 km 3 veces a la siguiente semana, etc.

Consejo - Divide tus objetivos en pequeñas metas para conseguir un incentivo constante.

3. Elige tu método

A parte de divertirse, decide el tipo de ejercicio que encaje lo mejor posible en tu estilo de vida y sea más efectivo para a alcanzar tus objetivos. ¿Tiene tiempo limitado? HIIT (High intensity interval training: entrenamiento en intervalos de alta intensidad) puede que sea lo tuyo. ¿Prefieres los deportes? Busca un equipo. Quizá la resistencia sea más lo tuyo. Prueba a correr, la natación, el ciclismo. ¿Resistencia? Tienes las opciones de los entrenamientos de peso corporal o los entrenamientos en el gimnasio. ¿Necesitas algo de baja intensidad? En realidad, el paseo enérgico es uno de los mejores ejercicios. Esta no es una lista exhaustiva, pero cuanto más ejercicio hagas fuera, mejor, mayores ventajas obtendrás:

”El ejercicio al aire libre beneficiará la salud de aquellos que han estado ocupados en forma sedentaria y entre cuatro paredes. Todos los que pueden hacerlo han de considerar como un deber el obrar así. Nada se perderá con ello, sino que mucho se ganará. Podrán volver a sus ocupaciones con nueva vida y dedicarse a su trabajo con nuevo valor y celo, y estarán mejor preparados para resistir a las enfermedades.” – (El Hogar Cristiano, p. 455, 456).

Hay que prever las excusas que puede que te pongas a ti mismo como “Siempre está oscuro y lloviendo fuera….” “Es demasiado caro hacerse miembro de un gimnasio…”

Aunque el ejercicio al aire libre sería óptimo, me di cuenta que al trasladarme al “mojado y salvaje” Wales humedecería todos mis objetivos en el ejercicio que hiciese fuera. Por esta razón decidí invertir en hacerme miembro sin lujos del gimnasio y pagar 12 libras cada mes.

Al igual que esto, me di cuenta de que no tienes que confiar en tu propia fuerza para alcanzar cualquier cosa. Haz tus planes y entrégalos totalmente en las manos de Dios para ayudarte a alcanzarlos, porque Él nos ha pedido que cuidemos de nuestro cuerpo y podemos estar seguros de que si Él nos ha pedido hacer algo, Él nos dará el poder que necesitamos para hacerlo. Echa un vistazo a esta cita:

”Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: “Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti.” Este es un asunto diario. Cada mañana, conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a El, para ponerlos en práctica o abandonarlos, según te lo indicare su providencia. Podrás así poner cada día tu vida en las manos de Dios, y ella será cada vez más semejante a la de Cristo.” – (Camino a Cristo, p. 70.)

4. ¡Ten algo de responsabilidad!

Es más probable que logres algo si te responsabilizan para ello. Es bueno que seas una persona responsable que mantiene su palabra. Hay muchas cosas a tener en cuenta en esto:

  • Hablar de tus objetivos y métodos a amigos y familiares que sepas que te van a apoyar.
  • Hazte con un colega (¡o tres!) con objetivos similares. En mi propia experiencia, yo me esfuerzo más en una carrera si estoy con alguien.
  • Consigue un entrenador personal.
  • Únete a una comunidad online. No es siempre fácil encontrar gente con pensamientos parecidos que pueda coincidir con tus horarios en tu área. Unirte en una comunidad online de ejercicio físico donde la gente puede apoyarse mutuamente virtualmente, puede ser útil.

5. ¡Darse cuenta que el ejercicio forma parte de mi tiempo!

Sí, en realidad el ejercicio se puede categorizar como tomar un largo baño caliente o leer un libro. Seguro que una película y comida que te satisface pueden hacerte sentir mejor en el momento… hasta que la estimulación del cerebro con esos flashes de imágenes y la comida con altos valores calóricos y de azúcar desaparecen y te dejan en un “coma alimentario”, con falta de motivación para hacer cualquier otra cosa y te sientes culpable. ¡No! Después de un largo día de trabajo la última cosa que necesitas es sentirte peor contigo mismo.

Me gustaría terminar con esta cita de Margaret Thatcher:

”Vigila tus pensamientos antes de que se conviertan en palabras. Vigila tus palabras antes de que se conviertan en acciones. Vigila tus acciones antes de que se conviertan en… hábitos. Vigila tus hábitos, antes de que formen tu carácter. Y vigila tu carácter, ¡antes de que se convierta en tu destino! Nos convertimos en lo que pensamos.”

Haz que tu plan de ejercicio se convierta en un hábito y modele tu carácter. Cuando alcances una rutina y te sientas una versión de ti más autodisciplinada, confiada, enérgica y saludable, recuerda no tener un concepto más alto de ti del que debes tener (Romanos 12:3), sino que veas a quien, con amor, seas capaz de ayudar a lo largo del camino. ¡Espero que hayas disfrutado mis mejores consejos y te deseo lo mejor a en este excitante viaje!


Danetta cualificada con Honores como dentista del King´s College London en 2017 y está trabajando a tiempo completo en Swansea, Wales. Disfruta de sus clases de spinning, HIIT, calistenia, levantamiento de peso y varios deportes en algunas ocasiones.